Llego a la cama me siento y al mirar a la mesilla veo el reloj que marca el incesante paso del tiempo y me descubre la realidad de que otro día más ha llegado a su fin. Me tumbo y estiro las piernas hasta conseguir relajar mi cuerpo por completo, ya estoy listo para descansar.
Por mi mente comienzan a pasar imágenes del día, frases escuchadas de la gente con la que estuve, escenas de ciertos momentos de la mañana, la tarde o quizás un rato antes de tumbarme en la cama. Mis recuerdos mas recientes pasan por mi mente, como si fueran movidos de un sitio para otro. Unos quedan grabados en mi memoria, mientras que otros simplemente se pierden, dejo de recordarlos puesto que mi cerebro no los tiene en cuenta.
Pasa un rato y comienzo a perder la consciencia de mis pensamientos, mis párpados pesan cada vez más y llega un momento en el que imperceptiblemente caigo dormido. Mi mente deja de pensar, al menos de un modo consciente, paso a dormitar y mi cerebro se encarga de mandar impulsos a mis órganos. Una gran máquina perfecta funcionando al unísono para mantenerse activa de algún modo.
Me encuentro en un momento del día en el que no soy dueño de mi mente, mis deseos mas profundos toman el control de mis pensamientos y se revelan en modo de sueños. Sueños a los que algunas personas tratan de buscar algún significado, sueños que se disparan por algún detonante, sueños que nos permiten vivir nuestros deseos como la vida misma.
En cuestión de segundos mi mente es capaz de generar todos los estímulos necesarios para producir esas sensaciones, imágenes y pensamientos en mi cabeza. Paso de estar dormido a estar soñando, paso de estar en el mas completo reposo a estar volando por un mundo abierto de sensaciones y estímulos. Cualquier cosa que desee puede hacerse realidad mientras descanso. Tan simple como desconectar de algún modo nuestros pensamientos y se ponen a trabajar de un modo totalmente autónomo.
Nuestra mente bajo su propio albedrío genera esos sueños. Coge recuerdos grabados en nuestra memoria y nos los lanza directos para que los vivamos como si fuesen reales. Pero no siempre nuestros sueños son recuerdos de nuestra memoria, a veces también soñamos cosas que jamás podrían haber sucedido. ¿Quien no ha soñado alguna vez que volaba? Eso está claro que hoy por hoy no es posible en nuestras vidas, pero sí que podemos soñarlo. En nuestras mentes todo es posible y sólo tenemos que desearlo con fuerzas para que cobre vida en nuestros pensamientos.
El potencial de la mente es indescriptible, no podemos medir su capacidad puesto que creo recordar que tan sólo usamos un 3% de todo nuestro cerebro. Sólo un 3% es capaz de hacer eso por su cuenta, sin que siquiera seamos conscientes de lo que pasa por nuestras mentes o de que nuestro cuerpo se sigue manteniendo con vida.
Quizás algún día recuerde los sueños al levantarme y no esa difusa imagen que recibo algunos días cuando suena el despertador. Me gustaría poder recordar que pasa por mi mente cuando duermo, que es lo que mi mente intenta mostrarme o cuales son realmente mis deseos mas profundos.
Tras esta pequeña reflexión que ha salido hoy de mis manos, creo que puede ser un buen momento para acomodarme en mi cama y dejar que mi mente fluya…










20 enero 2009 a las 17:59
Suelo recordar siempre lo que sueño. Me monto películas increíbles. Esta noche soñé que me convertía en vampiro (¡!)…creo que en mi caso sería un buen sujeto de estudio para Freud jeje
salu2
Buena reflexión sobre el incesante trabajo de la mente
20 enero 2009 a las 21:25
Gracias! jeje
Vuelvo a la linea profunda de nuevo…xD